Aún a riesgo de poder parecer irreverentes y un tanto heréticos, tal vez deberíamos analizar esa relación entre los fenómenos físicos del místicismo, producidos en el contexto sufí, cristiano o hinduista, y las intensas reacciones electroquímicas que se producen en el cerebro de los místicos al vivir sus trances de apasionado e incontenible amor a Dios.

Actualmente acabo de cumplir 39 años, no tengo hijos pero he vuelto a recuperar mi vida, me operaron por laparoscopia y mi postoperatorio no fue nada doloroso, recuerdo que estuve unos días estreñida y que durante dos meses tenía mucho cuidado de no coger nada de peso. Pues bien, ya no hay dolores, no he perdido mi apetito sexual, no tengo molestias en mis relaciones, ningún problema psicológico, para nada me siento menos mujer.
A los 21 años me diagnosticaron esquizofrenia paranoide, primer brote. Unos años después, otra psiquiatra cambió el diagnóstico por “trastorno bipolar´”. Más adelante, cuando mi cuarto ingreso en el hospital psiquiátrico, volvieron a considerar la esquizofrenia, mitigada en un trastorno esquizoafectivo. Mientras tanto, durante todos esos años de tratamiento, conseguí licenciarme en Filología Hispánica, cursar un máster en Formación de Profesores de Español como Lengua Extranjera y hacer un posgrado en Relaciones Internacionales. Además, me casé, tuve dos hijos muy sanos y he ido trabajando como profesor y traductor y como administrativo (ocho horas al día durante dos meses ganando mucho dinero, pero no se lo deseo a nadie).
El reconocimiento y valoración de la discapacidad es realizado por el Equipo de Valoración y Orientación (EVO), que es un equipo multiprofesional integrado por: un médico que valora la discapacidad física y sensorial, un psicólogo que valora la discapacidad psíquica y un trabajador social que valora los factores sociales; si es preciso, intervienen el técnico en orientación laboral y/o el pedagogo.
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