Herbert Marcuse, teórico social cercano a las ideas de Freud, dio la vuelta al concepto de sublimación para explicar por qué una liberación sexual no redunda necesariamente en una liberación general o auténtica y, por el contrario, contribuye a fortalecer mecanismos represivos. Marcuse vivió las protestas mundiales de la década de 1960, caracterizadas en muchos casos por esta apertura masiva de la sexualidad, al mismo tiempo que en otros ámbitos como la familia o el gobierno, las restricciones sociales ganaban presencia. En cierta forma puede decirse que la desublimación represiva distrae de la consecución de la verdadera libertad.
Los movimientos de la energía psíquica son principalmente dos: los que dan lugar a procesos psíquicos de progresión (desde lo inconciente hacia la conciencia y hacia el mundo exterior), y los procesos psíquicos de regresión (desde la conciencia hacia las zonas profundas del inconciente). La fase progresiva del movimiento de la libido es el "avance cotidiano del proceso de adaptación psicològica": es el proceso normal, pues la energía puede avanzar hacia fuera, e implica una sensación jubilosa de bienestar. Pero cuando por cualquier razón este movimiento se ve obstaculizado, aumenta desagfradablemente el valor psíquico de ciertos contenidos concientes, la libido no puede salir hacia fuera y regresa (fase regresiva) hacia el inconciente. Este obstáculo rompe el equilibrio entre los opuestos (pág. 88-90).
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