La pulsión sería un indicador psíquico de una necesidad somática. Es un impulso más allá de lo instintivo. La pulsión se ha desprendido de su naturaleza biológica, por lo tanto la pulsión ya no posee un sustrato neurofisiológico u hormonal que gobierne su mecanismo. Sus mecanismos pertenecen al ámbito de lo psíquico. La pulsión exige satisfacción y esa exigencia se manifiesta de forma constante. Es una de las características de la pulsión, que somete al aparato psíquico a una tensión, a un empuje, a una presión que se mantiene constante, y cuyo fin único es calmar o suprimir esa tensión. Para lograr este fin, la pulsión se sirve de un objeto que, sin embargo, no es uno concreto, ni está predeterminado (a diferencia del instinto).
Los movimientos de la energía psíquica son principalmente dos: los que dan lugar a procesos psíquicos de progresión (desde lo inconciente hacia la conciencia y hacia el mundo exterior), y los procesos psíquicos de regresión (desde la conciencia hacia las zonas profundas del inconciente). La fase progresiva del movimiento de la libido es el "avance cotidiano del proceso de adaptación psicològica": es el proceso normal, pues la energía puede avanzar hacia fuera, e implica una sensación jubilosa de bienestar. Pero cuando por cualquier razón este movimiento se ve obstaculizado, aumenta desagfradablemente el valor psíquico de ciertos contenidos concientes, la libido no puede salir hacia fuera y regresa (fase regresiva) hacia el inconciente. Este obstáculo rompe el equilibrio entre los opuestos (pág. 88-90).
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