Por ejemplo, la necesidad de nutrientes de las células deviene en una experiencia pulsional psicológica que sería el hambre. El hambre, como pulsión, ya no se gobierna por los parámetros de origen (biológicos), no comemos simplemente lo que las células dictan, elegimos lo que comemos en virtud de mecanismos psicológicos y sociales (distintos modos que pueden emplear las pulsiones para satisfacerse). Podemos elegir entre cientos de objetos-comida para el mismo fin de calmar/suprimir la tensión. Pero la pulsión nunca queda definitivamente satisfecha.
Mas decifrar o sentido não basta. De nada adianta a crítica das ideologias e dos discursos, se isto nos leva apenas à desmistificação dos fetiches, à destruição niilista do sentido, à polissemia. Restituir o sentido à linguagem não é apenas revivê-la, mas recriá-la, reinventá-la, atualizando sua significação. No quarto nível de leitura, a linguagem vive no espírito dos seus discursos, na experiência existencial que eles transmitem, nas suas diferentes respirações frente à morte.
El término de energía psíquica es un concepto que refiere a la energía del alma o del espíritu, aunque en terrenos de la psicología se ha utilizado en numerosas ocasiones; por ejemplo, el padre del psicoanálisis Sigmund Freud o su prolífico discípulo Carl Gustav Jung hablan de ella como una energía motriz que se corresponde con la libido y se encarga de engendrar los procesos vitales. Dicen que muchas veces la energía psíquica se genera a partir del conflicto que tienen las personas entre lo consciente y lo inconsciente. Los movimientos que produce esta tensión en la energía psíquica suelen poder ser en dos direcciones: de progresión y de regresión.
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