El Psi, según la parapsicología, es la concentración de ondas electromagnéticas producidas por el cerebro en un punto, las cuales podrían ser manejadas a voluntad con la practica. Si bien el cerebro usa señales electromagnéticas como parte de su funcionamiento habitual, no hay ninguna prueba de que estas puedan ser concentradas, ni de que la concentración de estas ondas electromagnéticas pueda producir ninguno de los efectos de los supuestos poderes psíquicos.
Iremos tratando cada vez más de sentir hasta un nivel casi “Atómico” a ese objeto, de tal forma que sintamos una conexión con él. Esto debe ser así ya que para tener éxito en la Psicoquinesis, uno no debe tratar de obligar al objeto a hacer algo, no debemos actuar sobre un objeto separado de nosotros intentando forzarlo a hacer algo. El objeto debe cooperar, uno debería poder sentir que el objeto es parte de uno mismo, como una extensión, y así es que no movemos o influimos al objeto, sino que somo nosotros mismos, una parte de nosotros la que se mueve. Para quienes vieron la primer película de “Matrix” recordarán la famosa escena de los niños “Avatar” donde un pequeño monje está doblando cucharas y le dice a Neo (el protagonista) que no intente doblar la cuchara porque eso es imposible, que es uno quien se dobla… comprende la verda… No hay cuchara…
Los movimientos de la energía psíquica son principalmente dos: los que dan lugar a procesos psíquicos de progresión (desde lo inconciente hacia la conciencia y hacia el mundo exterior), y los procesos psíquicos de regresión (desde la conciencia hacia las zonas profundas del inconciente). La fase progresiva del movimiento de la libido es el "avance cotidiano del proceso de adaptación psicològica": es el proceso normal, pues la energía puede avanzar hacia fuera, e implica una sensación jubilosa de bienestar. Pero cuando por cualquier razón este movimiento se ve obstaculizado, aumenta desagfradablemente el valor psíquico de ciertos contenidos concientes, la libido no puede salir hacia fuera y regresa (fase regresiva) hacia el inconciente. Este obstáculo rompe el equilibrio entre los opuestos (pág. 88-90).
×