Por último, está nuestra propio pensamiento, que ordena e interpreta todo lo que nos sucede, confiriéndole un “sentido”, que puede ser positivo o negativo. No hemos de olvidar que circunstancias positivas como un ascenso en el trabajo, un traslado de residencia, un premio en la lotería, el casamiento, también son factores que estresan a muchos por su condición extraordinaria.
La piroquinesis (del griego πυρ, pyr, «fuego» y κίνησις, kínēsis, «movimiento») es la hipotética capacidad de crear y manipular el fuego únicamente utilizando la mente. Sus defensores la atribuyen principalmente a la realización de ejercicios de concentración mental, aunque creen que, en ocasiones, podría ocurrir debido a la actividad mental inconsciente producida durante estados emocionales alterados, tales como los que se presentan en el curso de la depresión u otros trastornos psicopatológicos.
Para Jung, energía que circula por la psique y que engendra procesos psíquicos. Llamada también libido, es la energía de los procesos de la vida. Inspirándose en Heráclito, Jung indica que la circulación de energía está regida por el principio de los opuestos: la energía depende de una antítesis preexistente sin la cual no podría existir. Debe haber calor y frío, paz y guerra, etc. como fuerzas antagónicas para que pueda tener lugar el proceso de compensación llamado energía. Y así, el amor se convierte en odio, los seres pacíficos en belicosos, los cínicos en ingenuos y los santos en pecadores. La energía psíquica se genera merced al conflicto que opera en la persona —básicamente entre la conciencia y lo inconciente como polos opuestos- y subsiste como fuerza activa, consumiéndose en la actividad, para ser creada de nuevo debido a nuevas tensiones (págs. 82-87). Cuando más antagónicos son los opuestos, más intensidad de energía psíquica habrá.
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