¿En qué momento dejamos de ver y de sentir de esta manera? ¿Y por qué? ¿Podemos volver a recuperar estas fantásticas capacidades? En algún momento de nuestra vida, quizá presionados por todo lo que nos rodea, perdemos esa conexión con lo sutil. Pero los niños están ahí para recordarnos que podemos percibir la vida y sus manifestaciones de otra forma, una forma que reside en lo más profundo de nuestro ser. Cuando no somos fieles a nuestros sentimientos y empezamos a aparentar algo que no somos para entrar en el juego de la competencia social, perdemos a nuestro niño interior, y seguramente con él, la capacidad de percibir con el corazón. Sobre todo esto, los niños y los animales todavía tienen mucho que enseñarnos.
Mientras volvía a retomar mis estudios luego de más de dos años por no tener medios económicos y estar amamantando a mi primer y único hijo, me ocurrió lo más terrible que me ha pasado el dolor más grande de mi vida que fue perder a mi hermana, mi amiga del alma mi todo. Con mucho apoyo de mi pareja y familia entre todos tratando de salir adelante hasta los casi seis meses el segundo dolor más grande fue él. Mi pareja y padre de mi hijo murió en un accidente instantáneamente.
Los movimientos de la energía psíquica son principalmente dos: los que dan lugar a procesos psíquicos de progresión (desde lo inconciente hacia la conciencia y hacia el mundo exterior), y los procesos psíquicos de regresión (desde la conciencia hacia las zonas profundas del inconciente). La fase progresiva del movimiento de la libido es el "avance cotidiano del proceso de adaptación psicològica": es el proceso normal, pues la energía puede avanzar hacia fuera, e implica una sensación jubilosa de bienestar. Pero cuando por cualquier razón este movimiento se ve obstaculizado, aumenta desagfradablemente el valor psíquico de ciertos contenidos concientes, la libido no puede salir hacia fuera y regresa (fase regresiva) hacia el inconciente. Este obstáculo rompe el equilibrio entre los opuestos (pág. 88-90).
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