Ahora imagina una luz perla blanca que emana desde tu corazón, envuelve tu cuerpo e ilumina el área que te rodea - iluminando todas las sombras y la oscuridad. Visualiza un resplandor púrpura que se mezcla con la luz blanca a la vez que te tranquiliza y protege. Estás a salvo - conectado con la Tierra y protegido por la luz cálida, amorosa y dichosa.

Vivimos en un mundo que pone en jaque nuestro equilibrio psíquico de forma permanente. Las propias inseguridades personales, sumadas a la crisis económica mundial, el terrorismo, el cambio climático y tantas otras amenazas, provocan un estado de alarma propicio a toda clase de desajustes psicológicos. Hoy sabemos que la incertidumbre es capaz, por sí sola, de activar el circuito psicosomático, productor de padecimientos del tipo de la hipertensión arterial, y otros muchos, que tienen expresión corporal, siendo su raíz psíquica. No obstante, el yo, la parte más realista de nuestro aparato psíquico, debe adaptarse lo mejor posible, a una vida cambiante que se ha demostrado como una tendencia universal. Los esfuerzos para esa adaptación necesaria son cada vez más importantes.

Los movimientos de la energía psíquica son principalmente dos: los que dan lugar a procesos psíquicos de progresión (desde lo inconciente hacia la conciencia y hacia el mundo exterior), y los procesos psíquicos de regresión (desde la conciencia hacia las zonas profundas del inconciente). La fase progresiva del movimiento de la libido es el "avance cotidiano del proceso de adaptación psicològica": es el proceso normal, pues la energía puede avanzar hacia fuera, e implica una sensación jubilosa de bienestar. Pero cuando por cualquier razón este movimiento se ve obstaculizado, aumenta desagfradablemente el valor psíquico de ciertos contenidos concientes, la libido no puede salir hacia fuera y regresa (fase regresiva) hacia el inconciente. Este obstáculo rompe el equilibrio entre los opuestos (pág. 88-90).
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