En 1964 Winnicott escribía en un borrador que: “Enseñamos a nuestros hijos pequeños a decir gracias”. En realidad les enseñamos a decir “gracias” por cortesía y no porque lo sientan. En otras palabras, les enseñamos buenos modales y esperamos que sean capaces de decir mentiras, esto es, de ajustarse a las convenciones en la medida necesaria para lograr que la vida sea manejable. Algo más allá están los que tendrán una vida difícil a causa de la necesidad en que se encuentran de establecer y restablecer la importancia del self verdadero en relación con todo lo que sea falso.

Ellos me vestían, me endrogaban y me llevaban drogado a la corte para audiencias del artículo 805, donde me hicieron ponerme de pie y casi caerme. Ni siquiera podía oír. Era como estar en un tanque de agua vacío y oyendo hablar a la gente. Y me hicieron aguantar eso. Su último golpe de gracia fue que me dieron de alta y me obligaron a escribir el Manual de Cuidado de la Familia. "


El punto es que no podemos dar por sentado que la evolución del tiempo siga automáticamente la evolución ideal de complejidad. Mientras más complejas sean las formas, más desarrollan una “libre voluntad”, por lo que tienen el poder de causar acciones que no están necesariamente en conformidad con la naturaleza de las leyes: pueden restar valor en vez de acelerar la potencial evolución global (esto no debe confundirse con el mero progreso tecnológico.)
"Esa fue una búsqueda abierta, en la que dijeron que fuéramos donde la línea de señal nos llevase. Eso era análogo a estar parado sobre una plataforma en la estación Penn de Manhattan y saltar a cualquier tren que pasara retumbando e ir donde va el tren. No sabes a dónde vas a ir o dónde vas a terminar A veces es muy aterrador, a veces es instructivo, a veces es divertido".

Si la dependencia de los familiares como únicos proveedores de material simbólico y afectivo se prolonga mucho más que los dos primeros años de vida, sin ninguna mediación secundaria de hermanos mayores, grupos de niños o instituciones organizadas para facilitar la salida de la familia, las producciones psíquicas del niño se reducen. Muchos niños no van al jardín de infantes hasta que éste no se vuelve obligatorio, a los cinco años. Los costos de los viajes, la necesidad de una planificación familiar que incluya horarios ordenados para llevar el niño a la escuela hacen que algunos padres dejen a sus hijos jugando en casa, con sus hermanos o mirando televisión. Los niños que permanecen largas horas en su casa, con televisión, juguetes y hermanos, pero con escaso contacto social grupal con amigos, escuela o adultos con los que charlar y divertirse pierden con el tiempo la riqueza simbólica que recibieron de sus padres.
El interesado que se encuentre en la situación prevista en la legislación vigente – Baremo aprobado por el Real Decreto 1971/1999, de 23 de diciembre, a los efectos de determinar el grado de discapacidad, una vez solicitada la misma, su calificación efectuada por el EVO, se obtendrá un grado de discapacidad, que si fuera inferior al 33% no tendría validez a los efectos de la concesión de los beneficios que se otorgan a las personas a partir del citado grado.
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