Es el sistema situado entre el inconsciente y el consciente, separándole de aquél, la censura. Está formado por aquellos sentimientos, pensamientos, fantasías, etc. que no están presentes en la conciencia, pero que pueden hacerse presentes de manera fácil. Cuando decimos por ejemplo: “Lo tengo en la punta de la lengua” casi siempre estamos haciendo referencia sin saberlo, a algo que está representado en nuestro preconciente.
En base a este concepto, una forma más práctica de definirlo es: El dolor es lo que el paciente dice que le duele y lo que eso representa para él, no lo que los demás, incluyendo a sus médicos, piensan que debería ser. La comprensión de un paciente con dolor, implica fundamentalmente la consideración de su estructura psíquica y especialmente de los procesos inconcientes.
Cuando los padres pueden, es conveniente que los niños de dos y tres años no permanezcan en la escuela más de tres a cuatro horas diarias. Las representaciones espaciales que estos niños tienen son aún precarias, por lo cual necesitan regresar a ambientes familiares antes que los niños mayores. Si los niños pequeños permanecen muchas horas sin sus padres u objetos conocidos, se sienten invadidos por sentimientos de abandono y la tristeza no les permite disfrutar lo que la escuela oferta. Extrañar produce sentimientos de desapego y fuertes tendencias regresivas que inhiben o desactivan un desarrollo psíquico satisfactorio. De modo que el tiempo de permanencia de un niño en la escuela está en directa relación con su posibilidad de imaginar que puede desprenderse de sus padres sin perderlos definitivamente.
¿"Qué iba a pasar cuatro meses después de que el Vuelo 800 fue derribado? La elección de noviembre del Presidente compitiendo para su segundo término. Esto habría sido la perfecta estaca en su corazón si las personas equivocadas su hubiera apoderado de esto. Ellos habrían dicho: ' Usted nos dijo en '93, cuando usted tomó posesión del cargo, usted el mentiroso, que usted ya no estaba haciendo ya esto. Ahora lo está haciendo y lo ha estado haciendo todo este tiempo.' 
Los niños de 4 o 5 años ya pueden ir a la escuela por períodos prolongados (doble turno si sus padres trabajan) sin que esto afecte su actividad psíquica, pues encuentran en la escuela atractivos que no hay en su casa y porque tienen una autonomía mínima –hablan, entienden razones, anticipan tiempos– como para imaginar el regreso de sus padres sin temor a que desaparezcan. A esta edad, los patrones simbólicos ya están constituidos y el niño puede expresar sus necesidades y deseos. 

En los niños pequeños es natural que sientan que ellos y sus madres son una sola cosa. Lentamente van viendo que viven separados y que son personas diferenciables. No saben por qué no siempre hacen lo que quieren, y los papás les dicen a veces que “los niños no han de llorar”. Si arman mucho ruido en casa, su madre les manda callar porque el padre está trabajando y necesita silencio. Los niños entonces han de decidir entre hacer “cosas de los buenos chicos” y lo otro más propio de los “niños malos”. Portarse bien es una forma de conseguir ser queridos y aceptados por su valor en la opinión de los padres, esas grandes personas que hacían cualquier cosa, que lo podían y lo sabían todo. Se convierten en intérpretes de personajes que no coinciden con su ser auténtico. Se han puesto una armadura, el falso self, que les protege de los grandes disgustos, para que se les siga queriendo en su familia, o luego en la escuela.
El grado de discapacidad, consiste en el reconocimiento por el órgano competente, (Comunidad Autónoma), declaración y calificación del grado de discapacidad de la persona con una minusvalía física o psíquica, dentro de los grados establecidos en la normativa vigente, y cuyos derechos se concretan en el Real Decreto Legislativo 1/2013, de 29 de noviembre, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley General de derechos de las personas con discapacidad y de su inclusión social.
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