El afecto es la vía específica de descarga de las tensiones psíquicas. Al mismo tiempo podemos comprobar que su expresión es siempre somática. El miedo nos hace poner tensa toda nuestra musculatura, empalidecemos, el ritmo cardíaco se acelera, etc. Sabemos que es miedo por la percepción de una amenaza real o fantaseada, y ante esa amenaza todo nuestro organismo reacciona. Un disgusto durante una comida puede alterar la digestión y esta alteración puede cronificarse en personas insatisfechas, sobre-exigentes, ambiciosas, etc. Las crisis de angustia o de ansiedad producen toda una serie de alteraciones del funcionamiento corporal. No es necesario que describa aquí todas las reacciones que nuestro cuerpo experimenta cuando nos enamoramos, cuando sentimos rabia, rencor, odio, etc. Es precisamente cuando no podemos reconocer nuestros sentimientos y/o expresarlos, cuando nuestro cuerpo termina reaccionando de una manera aparentemente enloquecida provocando distintos tipos de alteraciones funcionales. Si escuchamos al paciente podemos descubrir que esas disfunciones pueden tener que ver con aquellas reacciones orgánicas que debieron producirse si el afecto hubiera sido reconocido.
"Otra forma de describirlo es que las puertas o conductos comienzan a abrirse. La dificultad no está en la apertura de los conductos. Eso, en retrospectiva, se hace relativamente fácil. La dificultad está en enseñar a la mente consciente traducir, sin analizar o datos. La mente inconsciente, interpretando el papel del yo individual, que es su personalidad, acarrea en información del inconsciente colectivo y comienza revolverlo, porque quiere establecer una conexión con la mente consciente buscando todo tipo de datos relevantes para el continuo espacio- tiempo".
En todo caso, se considerarán afectados por una discapacidad en grado igual o superior al 33%  los pensionistas de la Seguridad Social que tengan reconocida una pensión de incapacidad permanente en el grado de total, absoluta o gran invalidez, y a los pensionistas de clases pasivas que tengan reconocida una pensión de jubilación o de retiro por incapacidad permanente para el servicio o inutilidad.
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